Published On: agosto 21, 2025

El lecho de Procusto: cuando la uniformidad pone límites al desarrollo local

En la mitología griega, Procusto era un personaje que ofrecía alojamiento a los viajeros en su casa situada junto al camino. Tenía una única cama y obligaba a todo el que entraba a adaptarse exactamente a sus medidas. Si el viajero era más alto, le cortaba las piernas; si era más bajo, lo estiraba hasta que encajase. No buscaba el bienestar del huésped, sino preservar la uniformidad.

Este antiguo mito ha dado lugar al concepto conocido como síndrome de Procusto: la resistencia a aceptar aquello que no se ajusta a lo establecido, incluso cuando la diferencia aporta valor.

La rigidez sustituye a la inteligencia, y la norma acaba anulando la diversidad.

En los últimos años, el desarrollo local se ha consolidado en España como una herramienta fundamental frente a retos como la despoblación, el desempleo o la transición ecológica. Sin embargo, muchas políticas siguen respondiendo a modelos demasiado uniformes. Esto ocurre con frecuencia cuando políticas diseñadas desde grandes urbes se intentan aplicar, sin matices, a contextos rurales que responden a otras dinámicas, ritmos y vínculos comunitarios. Se diseñan convocatorias pensadas para todo tipo de municipios como si todos partieran de las mismas condiciones. Se descartan iniciativas innovadoras porque no hay precedentes o porque “no entran” en la estructura administrativa existente. Y en demasiadas ocasiones, se acaba premiando a quien mejor reproduce el esquema ya conocido, en lugar de a quien innova con inteligencia desde su territorio.

El resultado es que muchos municipios terminan intentando “encajar” en marcos que no les corresponden, sacrificando sus propios valores, ritmos o capacidades.

Recreación Procusto

*Recreación escena Procusto

 

En este contexto, la labor de los Agentes de Desarrollo Local (AEDL) es fundamental. Precisamente porque su trabajo parte del conocimiento directo del territorio, están en disposición de detectar necesidades reales, escuchar voces diversas y traducirlas en estrategias específicas. Su papel no es replicar un modelo único, sino adaptarlo o incluso superarlo cuando el territorio lo exige.

La escucha activa, la articulación de redes, la innovación aplicada y el liderazgo facilitador —todas ellas competencias descritas en el marco profesional de ADLYPSE— convierten al AEDL en el mejor defensor frente al síndrome de Procusto. En lugar de exigir que el territorio se acomode al molde, trabaja para que el molde se adapte al territorio.

El enfoque de desarrollo basado en el potencial endógeno parte del reconocimiento de que cada territorio dispone de recursos propios —económicos, sociales, culturales o ambientales— que deben ser identificados y activados desde dentro. Aplicar el mismo “lecho de Procusto” a todos los municipios supone ignorar justamente ese potencial y sustituirlo por soluciones estandarizadas que pueden resultar cómodas para la administración, pero ineficaces para el territorio. El verdadero desarrollo local exige romper ese molde y apostar por estrategias que se construyan a partir de las capacidades específicas de cada comunidad, permitiendo que sus particularidades sean el motor del cambio y no un obstáculo a eliminar.

El desarrollo local sólo tiene sentido si se construye desde la identidad y diversidad de cada municipio. Aplicar fórmulas idénticas puede parecer eficiente, pero termina amputando aquello que hace único a un territorio.

No se trata de que los municipios se parezcan, sino de que todos puedan crecer desde lo que son.


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